22 de septiembre de 2026 · Álex N. Lachhein
Maduro, el torturador de perros
El régimen del hoy detenido narco-dictador Maduro convirtió a los perros de sus disidentes en rehenes emocionales: al menos ocho, con nombre y raza, fueron detenidos, torturados o ejecutados en centros oficiales como el famoso Helicoide. Estas claves las redacté para el programa de Tv «Horizonte» y nunca llegaron a plató; van ahora enteras, al calor de esta lumbre. Esta es la historia: la de una palabra alemana, la de los perros de la DINA y la de un cachorro llamado Bambán.

Arrímense a la lumbre: esta historia empieza en una palabra alemana y acaba en El Helicoide de Caracas.
Una palabra alemana
Hay una forma de tortura que no toca al torturado. La llaman tortura vicaria y tiene nombre alemán: 'Sippenhaft'. No hace falta romperle un hueso al preso: basta con hacer sufrir a quien ama y asegurarse de que se entere. El dolor viaja por poderes. Los regímenes lo saben: ahí siguen los perros del régimen nazi, presentes en el subconsciente colectivo de medio mundo, y ahí quedaron las famosas torturas de la DINA de Pinochet, cuyos grandes canes eran usados para violar a mujeres detenidas. Lo escribo entero porque edulcorarlo sería mentir. Conste la cautela: no se puede comparar al ser humano con los animales; no seré yo quien lo haga. Pero la mecánica es idéntica: quebrar al inocente para rendir al señalado. El manual no cambia de siglo ni de continente: sólo cambia de correa.
El rehén de la casa
¿A qué viene esto? Pues a que la detención del narco-dictador Maduro ha devuelto a plena actualidad lo que sus presos políticos llevaban años denunciando desde centros de tortura como el famoso Helicoide: el régimen practicó la violencia vicaria, sólo que usando mascotas —perros, básicamente— en vez de niños, para coaccionar, chantajear y torturar a disidentes. En Venezuela, el perro se utiliza como rehén emocional. No se usa tanto al animal para atacar físicamente al preso, sino que se le tortura delante de su dueño, o se le informa de su sufrimiento, hasta obtener la quiebra moral. Tenemos al menos ocho casos de perros detenidos, torturados y ejecutados en El Helicoide y otros centros oficiales. Uno se llamaba Bambán.
Un cachorro llamado Bambán
Bambán era un cachorro de golden retriever. En el 2020 fue torturado y muerto por funcionarios venezolanos para coaccionar a su dueño, Alonso José Mora Alfonzo, paramédico y chef acusado de conspiración y detenido durante la «Operación Libertad». Lo filmaron mientras lo golpeaban; lo mutilaron —le cortaron las orejas— y lo degollaron. El vídeo se lo mostraron a su amo, sometido a su vez a tortura. No añado adjetivos: la descripción de la mutilación y del degollamiento coincide con las denuncias presentadas ante organismos internacionales para ilustrar la forma de actuar de los cuerpos de inteligencia. El cachorro no había conspirado contra nadie. Precisamente por eso lo eligieron.
Los mastines del coronel
Arpa y Thor, dos mastines napolitanos, pertenecían al coronel retirado de la Guardia Nacional Bolivariana Oswaldo García Palomo, acusado de conspirar para derrocar el gobierno de Maduro en marzo del 2018 y, presuntamente, de participar en el intento de magnicidio de la avenida Bolívar el 4 de agosto de ese año. El SEBIN allanó su quinta en Baruta y los perros fueron detenidos —la palabra es esa— y llevados a El Helicoide, donde se torturaba a Palomo. Allí, hambre y sed; y sus lamentos, usados para presionar psicológicamente a otros detenidos y enviar mensajes de terror a la familia en el exilio. Un mastín aullando de hambre en un pasillo de El Helicoide no es un descuido: es megafonía.
Oso, el preso de Boleíta
Oso es —¿o era?— un fila brasilero. Un comando de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) lo encerró en Petare en febrero del 2019; fue trasladado a la zona 7 de Boleíta, un centro de detención conocido por el hacinamiento humano. Su delito: ser el perro del sargento mayor de la extinta Policía Metropolitana Gilberto Rafael Martínez Daza, considerado traidor por el chavismo. Pasó de mascota a preso, trofeo de guerra sometido a largos períodos de restricción de alimentos y agua. Cuando redacté estas claves, hace unos meses, seguía detenido: seis años de encierro pagando la persecución de su dueño. Hoy, ya no tengo datos. Lo escribo así, en presente incierto: inventarle un final sería mentir.
Los que no salen en el parte
Quedan los menos documentados —que allí quiere decir los que ni expediente generaron—. Juzguen ustedes:
- Jasper, pastor alemán, y Astro, mestizo, de la familia de Mora Alfonzo: aparecieron muertos tras el allanamiento de los funcionarios a sus domicilios. No se descartó el asesinato intencional: en los operativos de la DGCIM y las FAES es patrón común disparar a los perros de la casa con el pretexto de que «suponen una amenaza», aunque el objetivo real es el impacto psicológico inmediato en los familiares.
- Nina, golden retriever, atribuida a Emmy Da Acosta, capitana de la GNB en el exilio: encerrada hacia el 2018-2019 y recuperada tres semanas después. Es la «detención temporal» como extorsión: dinero o información a cambio de no matar al animal mientras sigue bajo custodia oficial.
- Cross, cachorro mestizo que se atribuye a la opositora Yasmín Navarro, no llegó ni a ser detenido: en junio del 2017 los militares le descerrajaron un tiro en la cara que le destrozó el maxilar superior y un ojo. Agonizó durante horas —lo documentaron vecinos y familiares— y hubo que sacrificarlo. No hubo detenidos ni investigación: cuando media la «seguridad de Estado», el sistema judicial venezolano mira a otro lado.
Antes de que se apague la lumbre
Los nombres, para terminar. Juzguen ustedes:
- Bambán: torturado, mutilado y degollado ante la cámara, en el 2020.
- Jasper y Astro: muertos tras el allanamiento.
- Nina: tres semanas de encierro.
- Arpa y Thor: hambre y sed en El Helicoide.
- Oso: encerrado desde el 2019; sin datos hoy.
- Cross: un tiro en la cara; ni detenidos ni investigación.
Ocho nombres y ningún delito. La Naturaleza no es un peluche —lo dejé escrito junto a esta misma lumbre—: es el gran juego de la vida y la muerte. Pero lo del Helicoide no es Naturaleza; es maquinaria. Un depredador mata para comer; un funcionario que degüella a un cachorro ante una cámara mata para que un hombre se rompa. Mi oficio es contar el campo y la vida salvaje sin edulcorar, y defenderlos, a veces, es contar también esto. Cuando les digan que en Venezuela hasta los perros fueron presos políticos, no miren al animal: miren a la mano que sujetaba la cámara y al despacho que firmaba la escaleta del terror. Allí dentro también ladraba alguien.